¿Qué son los famosos taninos?

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¿Qué son los famosos taninos?

Hoy resolvemos esa eterna duda sobre eso de lo que hablan los entendidos (y no tan entendidos) sobre el vino.

"Este vino tiene mucho tanino", "Se percibe un tanino sedoso", "Qué tanino tan elegante". Pero, ¿Qué son los taninos? ¿Cómo identificarlos? ¿Qué aportan? ¿Son buenos?

 

Primero, una breve descripción:

El tanino es un componente químico que se encuentra naturalmente en plantas, semillas, madera y pieles de frutas. Casi el 50% del peso de una hoja seca es tanino. Es técnicamente una subdivisión del polifenol, pero no necesitamos entrar en tanto tecnicismo.

 

¿Por qué se encuentran en el vino?

Dado que los taninos forman parte de hojas, pieles de fruta, semillas y madera, estos taninos se transfieren naturalmente al vino en el momento de su elaboración. Mayormente se adquiere por las pieles, pero también por el raspón (tallo) de los racimos en contacto con el zumo resultante. En el caso de los vinos tintos, ya que pasan más tiempo en contacto con las pieles, suelen ser más tánicos, mientras que en los blancos no suele ser tan común. Pero también es posible adquirir taninos en un segundo paso de la elaboración: la fermentación o el envejecimiento en barrica, ya que la madera también aporta taninos al vino.

 

¿Qué le aporta al vino?

Añade amargor, astringencia y complejidad al sabor. Suele ser un elemento que de textura que provoca una sensación áspera.

 

¿Cómo identificarlo?

No te guíes por la vista, los taninos no se ven. Si tomas té (sin azúcar) habrás notado una sensación amarga y astringente en la lengua y tal vez el paladar. Eso es el tanino disuelto en agua. En el caso del vino hay un método muy sencillo para identificar si tiene mucho o poco tanino. Al probar un poco de vino, conviene enjuagarse suavemente la boca u oxigenarla con una leve entrada de aire para que, al tragar (o escupir en caso de ser una cata profesional), quede esa sensación aumentada y poder examinar la sensación tánica que nos deja en lengua, paladar y encías. Recuerda que esto es sólo para analizar el vino.

 

¿Son buenos los taninos?

Hemos descrito la sensación como astringente, amarga y áspera, por lo que podría parecer que se trata de un elemento indeseable. Sin embargo, nada más lejos. Los vinos elaborados con variedades de uvas que contienen mucho tanino no son por ello uvas de peor calidad, en el mundo del vino la tipicidad de un estilo es algo interesante y muy apreciado. Se tiende a pensar que la mayor expresión de su naturaleza es símbolo de calidad. Hay variedades que casi no aportan taninos y tampoco esta cualidad hace de los vinos mejores o peores productos. La clave está en saber qué se quiere conseguir. Tomemos por ejemplo el tempranillo, una variedad con una cantidad media de taninos. Si elaboramos un vino con mucho color, seguramente obtenga más taninos de las pieles tintas. Ese tanino igualmente se puede ver afectado por el clima al que ha sido sometido el viñedo durante el ciclo vegetativo. Un vino joven de tempranillo, si además ha estado en contacto con los raspones, mantendrá esos taninos muy potentes durante unos meses y luego irán suavizándose en su intensidad, al igual que sus aromas y sabores a frutas. Si se elabora un vino de mayor recorrido, como un Reserva, querremos que esos taninos sean suficientemente intensos como para aguantar el paso del tiempo que requiere para envejecer en barrica y en botella antes de salir al mercado. Normalmente, el paso por barrica complementa sabores y taninos provenientes del vino, pero dependerá del tipo de barrica que usemos para este objetivo.
Pero no nos liemos. ¿Podemos decir entonces que los taninos son buenos o malos? Como la mayoría de los elementos de un vino, en exceso pueden ser un fastidio. Si un vino sólo nos provoca astringencia, amargor y nos deja la boca como una lija, no será agradable. Por el contrario, si el vino pasa tan suave que no apreciamos sus matices y además no tiene elementos suficientes para perdurar en el tiempo y evolucionar positivamente, diremos que el vino no goza de la complejidad buscada.

No hay una respuesta clara hasta probar el vino, ya que las opiniones son siempre diversas. Lo que sí tenemos claro es que los taninos son naturales, propios del vino y muy interesantes, pero deben desaparecer pronto de la boca y dejar una sensación final agradable y suave. Por eso oímos decir en ocasiones "oh, qué tanino tan sedoso" o "tiene unos taninos muy elegantes".

 

* Curiosidad: ¿Tienen los taninos efectos saludables?

Sobre este tema siempre hay especulaciones y estudios sin conclusiones 100% fiables, por eso conviene aclarar que los taninos sí provocan una acción antioxidante, lo que está íntimamente relacionado con la prevención de enfermedades degenerativas. Varias publicaciones afirman que una dieta rica en taninos ayuda a prevenir la diarrea porque desinflama la mucosa intestinal y disminuye el llamado "colesterol malo". A nosotros nos parece suficiente excusa para brindar con una copa de vino y disfrutar de un rato agrabable, ya se hable de taninos o de las próximas vacaciones.

Salud!

 

 

 

Cómo conservar el vino una vez abierto.

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En muchas ocasiones abrimos una botella de vino y nos tomamos una o dos copas. También hemos leído que el vino, una vez abierto, se puede echar a perder. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? ¿Hay alguna solución?

Lo primero es tener en cuenta el tipo de vino que es y con ello tomar las medidas oportunas para que se conserve en buenas condiciones. Aclaremos varios conceptos:

- ¿Qué le pasa al vino cuando se abre la botella?

Al descorchar un vino el oxígeno entra en la botella y comienza un proceso natural de oxidación. Esta reacción química hace que el vino pierda aroma, sabor y calidad. Por eso mismo siempre se recomienda cerrar la botella lo antes posible y no dejarla abierta. Volver a poner el corcho ayudará, pero no evitará el proceso de oxidación, que ya ha comenzado. 

- ¿Cuánto tiempo puedo guardar una botella abierta?

Lo más recomendable es no guardarla, sino disfrutarla al abrirla siempre que se consuma con moderación. Sin embargo, los no expertos no notarán grandes diferencias en un vino abierto del día anterior (o incluso varios días, en buenas condiciones). En el caso de los blancos y rosados, al guardarse y tomarse más fríos, notaremos menos la diferencia pasados unos días. En el caso de los tintos, sobre todo de crianza y reserva, se trata de vinos ya maduros con una vida mayor, por lo que serán más sensibles al paso del tiempo. No hay una cantidad de horas ni de días en los que sepamos con certeza que un vino se echa a perder, sin embargo sí sabemos que cuanto menor es el tiempo que pase abierta la botella, mejor. Siempre y cuando se guarde bien.

- ¿Cómo debo guardar el vino una vez abierto?

Antes de abrir la botella, una recomendación. Hay ocasiones en las que queremos catar un vino o simplemente disfrutar de una copa y sabemos que no nos beberemos la botella. Para esos momentos puntuales hay una herramienta de enorme utilidad. Se trata de una aguja que, mediante presión por gas, permite sacar el vino suficiente para una copa sin descorchar la botella ni que el vino en su interior se oxide. Como no todos disponemos de esta herramienta en casa, te ofrecemos otros consejos.

1. Vuelve a tapar la botella una vez abierta. Las llamadas "bombas de vacío" son elementos muy asequibles que extraen el oxígeno.

2. Intenta mantener el vino a una temperatura baja (guarda el vino en la nevera o cava) y fuera del alcance de la luz.

3. Mantén la botella en vertical para que la cantidad de vino en contacto con el oxígeno sea la menor posible.

4. Si queda poca cantidad de vino es recomendable pasarlo a una botella más pequeña donde haya menos oxígeno y cierre herméticamente.

¿Y que hay del rumor de colocar una cuchara sobre la botella de cava para evitar que se escapen las burbujas? Los rumores son eso, rumores. En este caso un bulo muy extendido que no ayudará a la conservación del cava.

En resumen:

El vino abierto no debe guardarse mucho tiempo, aunque hay maneras de poder degustarlo a lo largo de la semana. Eso sí, cuando el vino es sabroso y tenemos un buen rato en compañía o para nosotros mismos, te recomendamos vivir el momento y disfrutar de los pequeños placeres de la vida. Esos detalles son los que merecen la pena.

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5 consejos para comenzar bien el año.

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Empezar 2019 con buen pie es cuestión de actitud y aquí te traemos unos sencillos consejos con los que hacer de este comienzo un éxito.

 

1. Objetivos realistas.

No dudes a la hora de plantearte objetivos: elige aquellos que de verdad deseas y selecciona aquellos que consideres posibles de realizar. Soñar despierto puede ser divertido, pero si se trata de ser exitoso hay que conocer las limitaciones de uno mismo y esforzarse de verdad por lo que se puede hacer. No te rindas hasta cumplirlo, tú mismo has analizado que se trata de un objetivo a tu alcance.

2. Valora lo positivo del pasado.

Comenzar un año es mirar hacia el futuro con esperanza, pero ayuda enormemente volver la vista atrás por un momento y revisar aquellos momentos y acciones que te han hecho sentir bien. Valorar esos detalles y tratar de repetir lo que ha sido positivo te hará sentir bien y lleno de confianza. Las cosas buenas deben ser tradición.

3. Escribe y publica tus objetivos.

Una vez pensados y analizados, escribe tus deseos en algún lugar donde puedas volver para anotar y tachar cuando los cumplas. Esto ayudará a tu autoestima y verás que los propósitos alcanzan su objetivo si no te das por vencido. Publicar esta lista en alguna red social o en un grupo de amistades te hará consciente de que si dejas de lado un objetivo habrá quien te lo recuerde, pero además puede que descubras que un amigo pretende conseguir lo mismo y os podéis motivar mutuamente. No te guardes todos tus deseos, deja que te ayuden y siéntete parte de una comunidad.

4. No olvides el altruismo.

Aunque se trata de tus deseos, es recomendable que entre ellos haya una intención bondadosa con otras personas. Las obras en las que ayudamos a otros nos hacen sentir especialmente bien, sobre todo si la recompensa emocional tiene que ver con nuestros objetivos. Reúne objetivos que te motiven y asegúrate de que al menos uno sea altruista. Ayudarse a uno mismo también es fundamental para ayudar a otros, por lo que todos los objetivos son determinantes para el éxito del comienzo de año.

5. Celebra con los tuyos.

No estás solo, nunca lo estamos. Celebra siempre que veas un objetivo cumplido, una fecha señalada, una buena noticia, etc. No expresamos nuestro amor y nuestra amistad tanto como deberíamos y juntarnos para desconectar del trabajo o las obligaciones debería ser obligatorio. Brinda con tus familiares cuando tengas ocasión, descorcha una botella de vino para conversar con esas personas a las que quieres, sal a tomar unos vinos para refrescar la mente. Todas las celebraciones son pocas si nos estamos esforzando por sentirnos mejor. Nunca veremos un estudio que diga que disfrutar entre seres queridos es negativo, sino lo contrario. Un vino y unas risas pueden salvar hasta los momentos más grises.

Analiza, valora, publica, ayuda y celebra. Haz de tu vida un brindis.

 

Para cumplir objetivos, actitud. Para las celebraciones, CVNE.

 

 

 

 

 

 

 

 


¿En qué copa se sirve cada vino?

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Aunque sobre gustos no hay nada escrito, reza el refrán, la copa que utilicemos sí hará variar la experiencia del vino que probemos.

 

"Cada copa, su momento."


Más allá del tipo de vino que degustemos, la estructura y el material de nuestra copa condicionará su sabor. Por eso es importante que la copa sea siempre de cristal o vidrio fino y transparente, para poder apreciar el color de la mejor manera posible. Cuanta mayor calidad en el recipiente, mejor, dicen los expertos, pero ¿hace falta gastarse un dineral en copas aunque no seamos expertos? Se trata de una decisión personal, pero la mayoría de los expertos recomiendan que las copas vayan acorde al vino y la situación, igual que la cubertería o la vajilla suele mejorar según mejoramos la calidad del restaurante.

Además del material, la estructura de nuestra copa influirá considerablemente. Aquí entra en juego el tipo de vino que vamos a probar: cada vino necesita su copa para poder sacarle el máximo partido.

La razón de una afirmación con la que pocos podrían diferir es el modo en que se evapora el etanol (contenido alcohólico) en cada copa. Los vasos abiertos o copas de cocktail han demostrado evaporar esta sustancia de manera irregular, lo que no permite distinguir los aromas correctamente. Debido a estudios como éste, se opta siempre por una copa de boca circular con la base más ancha que la boca. Pero eso no es todo: blancos, tintos, espumosos y demás vinos requieren de formas levemente diferentes. ¿Todos notaremos la diferencia? El caso es que los fabricantes y críticos coinciden en que los aromas frutales y la redondez de muchos vinos dependen del recipiente, así como del conocimiento del catador. Así, podemos afirmar que aun sin ser un experto, conviene adecuar la copa al vino dentro de las posibilidades.

 

¿Qué vino va en qué copa?

Lo primero es recordar que no debemos llenar la copa nunca más de la mitad, aunque se recomienda usar sólo una cuarta parte. De este modo podremos imprimir un leve movimiento rotativo para oxigenar el vino y favorecer la percepción de los aromas volátiles.

El vino blanco, por lo general, suele servirse en copa de tipo tulipa. Más alargada y esbelta, es propicia para la acidez y esos toques frutales que suelen encontrarse en estos vinos cuando se trata de blancos jóvenes y de cuerpo ligero. Para blancos envejecidos y de mayor complejidad debemos optar por una copa de forma más curvada, como la copa de tintos.

Pero los tintos también sufren distinción si son vinos más jóvenes, frescos y frutales o si por el contrario son vinos más ricos en matices por el paso del tiempo y su crianza en barrica. Para los primeros, tintos más ligeros, optaremos por la copa tipo Burdeos. Se parece a la de blanco joven, es alta y con forma de uva (elíptica) para favorecer la frescura de la fruta y el carácter herbal de vinos finos. Por su parte, los vinos más carnosos y envejecidos por más tiempo en madera son caracterizados por aromas terciarios. Si bien los aromas primarios provienen de la uva y de la fermentación (todos los vinos poseen estos aromas), en el caso de vinos más añejos también cuentan con aromas provenientes de la madera y su micro respiración a través de la misma. Incluso en su estancia en botella esos aromas se ven modificados, es aquí cuando hablamos de vinos con bouquet. Es decir, con esa complejidad derivada de varios factores que aportan aromas sólo posibles bajo el paso del tiempo. Pues bien, aquí necesitamos una copa más ancha (tipo Borgoña), con mayor recorrido para ese movimiento circular y con la boca más cerrada en comparación para que permanezcan todos esos aromas (bouquet significa literalmente "ramo de flores") y nuestra nariz sea capaz de atraparlos.

Para vinos espumosos conviene una copa especial, pues ya no sólo tenemos en cuenta aromas y color, sino también la burbuja. Al servir una copa de espumoso debemos fijarnos en que la burbuja crece y sube por el cristal de la copa. Si utilizásemos una copa de tinto habría tanta superficie que la burbuja se extinguiría rápidamente. Con la copa tipo flauta hacemos esto posible, además de comprobar el tamaño de la burbuja.

También hay copas para vinos dulces y copas especiales propias de la cultura de cada región. Cada uno es libre de elegir lo que más le atraiga, pero si queremos sacarle el máximo partido a un vino deberemos aliarnos con una gran compañera: la copa adecuada.

 

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