Los guardaviñas: el recuerdo arquitectónico del viñedo riojano

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Los guardaviñas, símbolos arquitectónicos rurales típicos de La Rioja.

 

¿Qué son? ¿Para qué sirven? ¿Qué valor tienen y por qué se crearon?

No son muchos los que quedan y algunos han desaparecido en los últimos años. Cuidarlos puede salvar un elemento rural tan típico como interesante.

 

¿Qué son?

Los guardaviñas son construcciones de piedra circulares y también se conocen como "chozas" o "chozos". Se construían con piedras mayormente planas y poca argamasa, apilando circularmente cada vez más concéntricas según se elevaba en altura para crear una falsa cúpula.

 

¿Para qué sirven?

Para muy poco en la actualidad, aunque originalmente tenían una función indispensable para el trabajo en el viñedo. Se utilizaban como refugio de agricultores y como almacén de algunas herramientas, lo que permitía al viticultor ocuparse de sus tierras con agilidad. También fueron utilizados como puestos de Guarda de Campo para vigilar las cosechas, de ahí su bonito nombre "guardaviñas".

 

¿Qué valor tienen y por qué se crearon?

La aparición de estas construcciones coincide con la llegada de la filoxera (esa plaga que afectó tantísimo al viñedo europeo). El aumento de venta de vino riojano al mercado francés provocó la introducción de nuevos métodos de trabajo en la viticultura, por lo que se elevaron estos pequeños refugios. Su valor actual es histórico, artístico y tradicional, ya que su función original está en desuso. Sin embargo, no debemos menospreciar estos valores menos intangibles. Otorgan al paisaje riojano una riqueza estética que pocos lugares poseen, mantienen viva una llama oral y escrita del tiempo en que Rioja se hizo con un nombre que llega a nuestros días y permite al visitante reconocer un trabajo que pertenece a una región.

Hay 68 guardaviñas localizados en La Rioja, aunque algunos han ido desapareciendo en los últimos años.

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